De las Ciudades: Gandado Espacios en la Aniversidad

Document Actions
Los Angeles y su inmensidad; la idea de perderme en los pasillos que conectan las torres del Downtown siempre me aterró y al mismo tiempo ejercía una especie de fascinación callada.
Gabriele Sanchez-Martinez

Issue #60, April 2002


De qué me sirve el dinero
si estoy como prisionero
dentro de esta gran nación?
Cuando me acuerdo hasta lloro
aunque la jaula sea de oro
no deja de ser prision
"Jaula de oro", performed by Los Tigres del Norte, Profono Internacional, 1985.

Los Angeles y su inmensidad; la idea de perderme en los pasillos que conectan las torres del Downtown siempre me aterró y al mismo tiempo ejercía una especie de fascinación callada. Un pasillo escondido me llevaba a una terraza sin límites, sin resquicios; una dimensión espacial en la que sólo me encontraba con el reflejo negro del cielo angelino en los ventanales limpios de los edificios de la Y, de la torre de Arco; de los murales de Pacific Bell. Esos eran los espacios de Los Angeles que me dieron la bienvenida como adolescente inmigrante. Esas torres que se aparecen de pronto en los carriles de concreto del Freeway 5; mi alivio ese, el oculto, de poder verlas, de sentirlas, de casi tocarlas en la distancia. La idea de encontrar en esa visión de la ciudad algo mío, algo que me perteneciera solo a mí y que fuera en sí único: una de esas insoportables sensaciones ante la majestuosidad de una arquitectura del silencio. La Ciudad estaba ahí para observarse, como la fuente de ese placer que no se comparte, ese placer que uno se traga a escondidas y del que no se platica con nadie; y al mismo tiempo, esa misma ciudad que a uno, a muchos, a miles, devora. La ciudad tiene ese poder de encarcelamiento, de convertirse en fortaleza sin uno siquiera sentirlo. La ciudad tiene esa tela del encanto y esos hilos con que el immigrante cose sus historias, las hace suyas, las vive a diario. Es en la ciudad donde uno alcanza la invisibilidad sin pedirla: parece ser congenita, pan-humana. Una ciudad que envuelve, que acoge; y que del mismo modo aniquila y recluye.

Escribo este ensayo en español sobre el inmigrante de la ciudades porque necesito escucharme en otro idioma al hablar: es parte de esas contradicciones que me presenta la idea de la ciudad, contradicciones que aun más allá de la crítica y del análisis siguen estando presentes como parte de esa dualidad frenética de mi ser inmigrante. Davis, en City of Quartz hace una descripción mortal de mi propio espacio liminal: yo viví mis primeros dias de inmigrante en el complejo habitacional para ancianos que está entre la Hill y la Spring, justo enfrente del Hotel Bonaventure; cruzando la calle del Mercado Central. Ahí, justo junto a esas bancas que la ciudad mandó construir redondas con el afán de que los homeless no las hicieran suyas, cruzo todavía de vez en cuando la calle para ir a comprar peras. El piso nueve del edificio A, el apartamento 913 del Angelus Plaza. Mi espacio. Espacio mismo que me hace felíz, espacio que todavía respiro. Los conciertos de jazz en las terrazas del California Plaza. Los vendedores de micas chuecas de la Broadway. Esos son, y seguirán siendo, mis espacios.

Y son también estas contradicciones visuales de las que puedo hablar: las que puedo tocar con mis palabras, las que son mías, de nadie más, y que sin embargo son comunes al resto de la gente que como yo vive en la ciudad: cómo recobrar un espacio del que uno mismo se ha apropiado y al que sin embargo uno no pertenece? Cómo vivir dentro de esos limites impuestos por el ojo inmóvil de la cámara, del vigilante, de la escalada voraz de los recursos de seguridad?

Mientras escribo estas paginas intento, sin poder, echar mano de la teoría. Pero no puedo. No encuentro una visión que integre mi dinámica, mis dualidades -de nuevo, mis contradicciones. Toda mi vida he vivido en las ciudades, pero siempre en su marginalidad: en Mexico viví en una colonia donde el hombre anciano que vende alfalfa todavía la lleva en burro. Los sábados por la tarde, los chillidos de horror de un cerdo a punto de ser masacrado se escuchan a lo lejos, muy por encima del llanto de un tren que lleva a ninguna parte. En Los Angeles, viví en esa línea divisoria que separa la pobreza de esas obras cumbres del capitalismo y la riqueza, las corporaciones trasnacionales. En Phoenix vivo en las afueras, en una parte de la ciudad donde la pobreza no es notoria, ni siquiera tangible, pero del lado de la calle donde las casas son viejas; de frente a las mansiones de terracota y teja.

"Bread and Roses".... "You get roses when you stop begging", says the white, college-educated, union organizer. "When you stop begging." Why is that social theory constantly reminds us of the minimalistic conditions of the people of color, the poor, the oppressed in a way that seems only to perpetuate the image that colonialism has branded on us? And why is it that being colored, being immigrant, being female is always somehow linked to suffering? What about those spaces created by the immigrant, where she can grow and show happiness and be happy, what about those glimpses of light that are brought about by the solidarity of the other and the otherness? An attempt to understand the dynamics between the methaporical and the material spaces surrounding the immigrant emerging from the present order is needed.

Immigration Picture!In an article in the Summer 1998 issue of Hypatia, Melissa Wright writes about the New Mestiza who emerges from the working class and gains positions of leadership and power within the systems of work. Bread and Roses is -if not an example of how the main character, Maya, acquires some sort of immigrant consciousness - a postulate on how the immigrant community is claiming those spaces along the divisory lines established by large corporations. The immigrant sorts through the social terrains of the new country and the one of her own through language, through her position as an employee, not attempting to go higher within the corporations, but simply to improve the quality of life of the ones around her. As Wright posses it, expressions of difference actually consolidate communal borders. The immigrant represents his/her own cultural identity navigating within the workplace and the politics of difference that characterize the minimal spaces.

"No me critiquen porque vivo al otro lado.
No soy un desarraigado; vine por necesidad.
Ya muchos años que me vine de mojado, mis costumbres no han cambiado ni mi nacionalidad.
Soy como tantos otros, muchos mexicanos
que la vida nos ganamos trabajando bajo el sol, reconocidos por buenos trabajadores, que hasta
los mismos patrones nos hablan en español".
"El Otro Mexico", by Enrique Franco. Recorded by Los Tigres del Norte.

The combination of the militarization of the border, the burgeoning industry of security and the delimitation of spaces in the cities, the segregation of the poor and the immigrant to marginal zones, has increased the already existing tensions between social groups. It has also provided material to develop that scenario where the immigrant appears as helpless, fragile, susceptible to all the forces around him. There seems to be no life beyond that of one of the fields, the factories, the skyscrapers, when in fact, the immigrant has conquered and develop her own spaces. One example of what Jose David Saldívar in his book Border Matters calls the shifting pattern of un/documented circulations, resistances and negotiations is the one represented by Los Tigres del Norte. When corridos as a musical expression of the daily fights and encounters of the oppressed also reflect the fact of the lack of freedom of movement inside of the larger social system, they are also fundamental, vocal channels of representation: the statement coming from the immigrant herself that speaks to those who try to build up cages: el grito ese de "Ya llegue y de aqui no hay quien me saque."

Michel De Certeau's concept of the city — as founded by the utopian and the urbanistic discourse, defined by the possibility of a "threefold operation" that involves the production of its own space, the substitution of synchronic systems for tradition, and the creation of an anonymous subject which is the city himself — shows how the city itself produces effects contrary to the ones at which it aims. As he notes in The Practice of Everyday Life, the city [then] becomes a "place of transformations and appropriations, the object of various kinds of interference but also a subject that is constantly enriched by new attributes, it is simultaneously the machinery and the hero of modernity." The need to control becomes unachievable, beyond the lack for diversity recognition: the immigrant that is carrier of chaos, becomes then the hero that recovers those spaces that others attempt to control, and re-emerges, transforms and develops his own.

While the delimitation of spaces and the consequent segregation present obstacles to the potential of the individuals, caging them within apparently static limits, the boundaries are not impossible to cross, nor a limit to the theory of the liminality. Instead, I would suggest, it increases its dimensions, it opens it to found that barriers come down before the emergence of that anonymous hero De Certeau talks about, the one that faces adversity but whose life is still. The one who "does not expect representations" but who remains firm, " at the center of (...) scientific stages." The individual that becomes forgotten in the middle of the enormity of the fortresses that are now our cities. That hero, the new immigrant, that does not expect compassion, but whose stories are dying to be told and counted as individual testimonies, trying to knit the quilt of the present day history. As Saldívar argues, the testimonios surge as a way to seek political assertions inside of the institutions which parameters are established by the dominant group.

Clifford Geertz introduces an interpretive approach to the history of anthropology, looking at facts in terms of their cultural settings. He sees social facts as sociologically relevant events — as shown by events like illegal immigration, the violence at the workplace, the existence of repression systems, the oppression of the oppressed against his same kin — walking away from defining functions, looking instead at how kin groups and societies come together. For Geertz to understand the development of cultural events one has to understand that its only role is to make life meaningful. The community can be strong on itself already: the daily fights for survival make the bond among the members of a community stronger.

Culture is a code of meaning performed in public. As Jon McGee and Richard Warms argue in Anthropological Theory, mental models do not make up culture: culture is a fact existing among people, and it is created by their social actions. The daily dynamics of the immigrant is a set of actions by itself that stimulates the social interaction between the members of the community; a way to express values. Geertz finds culture among individuals, the result of the people's interpretations of events around them bound in public symbols and communication.

Immigration Picture!The interpretive perspective, concerned more with meaning and in particular with the meaning that a fact has to the people themselves is a constant theme in his work. Geertz does not provide an account of what methodology in particular he followed, and that is perhaps one of the biggest criticisms against interpretive anthropology: it is hard to formalize a methodology, to outline the steps followed so that others can obtain, under the same conditions, the same results, and this is because interpretation is intuitive: it requires to become immerse within those worlds to be analyzed; they are not to be observed from the outside; one becomes participant and plays a role as such.

"Adios, adios California, Texas, Chicago, Illinois, me llevare su recuerdo
porque a otras tierras me voy
pues aunque tengo dinero
no soy feliz donde estoy."
El Mojado Acaudalado, Los Tigres del Norte, Ediciones Musicales.

Las contradicciones, su abundancia, el caos, la huída. Las fronteras que se cruzan en medio del terror, de la determinación, de esa búsqueda del comienzo. La tierra que se deja atras: el inmigrante deja sus comunidades para integrarse a la vida de la invisibilidad en los Estados Unidos. Una vida de sobrevivencia que en ocasiones en nada refleja la calidad de vida que los migrantes pudieron tener en su lugar natal: atraviesan desiertos, se enfrentan a la violencia de los polleros, a la brutalidad inocente de la migra, a la indigencia.

Un recorrido por las calles de Jeráhuaro, Michoacan — el pueblo de mis abuelos, hoy la recreación de la desolación rulfiana — me enfrenta a las macetas repletas de geranios, a los ladridos lejanos de los perros, a las casonas de paredes caleadas construidas con los giros que llegan al Western Union de adobe cada mes. Remesas que provenien principalmente de California y de Illinois. Los espacios abiertos llenos de los aromas de los campos de durazno se llevan dentro, y se viven desde el interior de las tintorerias, de los carwashes; del transporte publico de la ciudad. También muy dentro se llevan las columnas de mármol de las casas de los ricos; los portales de adobe de esos que nunca huyeron hacia el norte. La soledad. El sueno de poseer unoo de esos carros viejos y las placas que revelan sus origenes: Florida, Tennessee, California. Las motos apiladas a la salida de la iglesia los domingos. Los caminos empredrados, la risa.

Y los trayectos disimilares por los que llegan los que tienen que regresar. Algunos se irán de vuelta en ese vuelo mítico que conecta aun no se como, Zitácuaro, Michoacán con San Francisco, California — un vuelo semanal cubre la ruta. Algunos saldran de la bahía hacia Alaska; otros irán de ahí a Oregon.

Y muchos otros emprenden el regreso en un autobús, en la metáfora que los lleva a la frontera. Ahi llegan y buscan la cara familiar de algún conocido que los cruce, un coyote con referencias, un pollero que tal vez no sea tan malo, alguien que los introduzca y transporte más alla del territorio de la migra.

Y es ahí en donde mi espacio también crece y gira, se hace grande y se expande en medio de las contradicciones brutales de la frontera: cómo crear espacios entre la migra y el contrabando, entre la amplitud desolada del desierto y la carrera por la sobrevivencia? Cómo se desarrollan esos espacios por los que la vida lleva al inmigrante a la condena, a su propia version de la gloria?

Son estos los espacios que dudo la teoria nos haga mas tangibles: el immigrante tiene ese sentido de sobrevivencia por dentro y es ése mismo el que le da sentido a su vida en los espacios a los cuales el grupo dominante le ha restringido: son esos los espacios en los que labora, en los que sufre, pero en los que el simple sentido de la sobrevivencia reina.

Gabriele Sanchez-Martinez is a first-time contributor to Bad Subjects and is currently enrolled at Arizona State University.

Copyright © 2002 by Gabriele Sanchez-Martinez. All rights reserved.
 

Personal tools