Ciudades en riesgo: Entrevista a Saskia Sassen

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Entrevista a Saskia Sassen.

Miguel Lara Hidalgo

Issue #66, February 2004


Argentina y los Estados Unidos estrenaron el 2004 con una controversia diplomática a partir de las declaraciones de Roger Noriega, subsecretario de Estado para América Latina del gobierno de George W. Bush. Noriega afirmó que Argentina había decepcionado a los EE.UU. al reforzar sus relaciones con Cuba y no apoyar una resolución norteamericana que condena las violaciones de los derechos humanos en la isla caribeña, presentada en las Naciones Unidas. El presidente más popular en la historia argentina, Néstor Kirchner, respondió: "Nadie puede exigir nada a la Argentina". Muchos líderes latinoamericanos, como el boliviano Evo Morales, lo felicitaron por esta actitud.

Confieso que a veces me cuesta trabajo encontrar a América Latina en un mapa. Supongo que está en el hemisferio occidental hace millones de años, pero los cambios profundos en su realidad pol̴ica me sorprenden década tras década. Actualmente, la región no está en el mismo escenario político que en los años 90. Nuevos movimientos sociales de base demandan justicia social y se plantan contra de los dictados del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. "Los tiempos cambian", dice la gente.

En los últimos años, nuevos gobiernos inspiraron nuevas esperanzas en los pueblos del Sur. La mayoría son abiertamente progresistas o al menos, eso dicen. Han formado alianzas para negociar conjuntamente con los países desarrollados sobre temas críticos como la deuda externa, políticas económicas, libre comercio o inversiones extranjeras.

Países como Venezuela, Brasil, Argentina o Bolivia abandonaron las políticas neoliberales para conducir la economía durante los años 90, pues provocaron mayor pobreza, desempleo, crisis políticas, corrupción y una creciente deuda externa. La economía informal invadió las ciudades: puestos callejeros de comida, personas que ofrecen todo tipo de servicios sin pagar impuestos, comercio ilegal֠"Hay que vivir de algo", dice la gente.

Sin embargo, recuperar el papel del Estado en América Latina es parte de procesos sociales y políticos más abarcadores, que se consolidarán durante el 2004. Según la sociológica Saskia Sassen, estos son: la construcción de una ciudadanía transnacional, el creciente rol estratégico de las ciudades, las políticas de la guerra y el terrorismo internacional.

Saskia Sassen es una mujer "transnacional". Nació en Holanda, creció en Buenos Aires, reside en EE.UU. y realiza investigaciones alrededor del mundo. Recientemente, presentó Buenos Aires el estudio "Ciudades Transformadas. Cambio demográfico y sus implicaciones en el mundo en desarrollo", que implementó en varios países con el auspicio de la Academia Nacional de Ciencias de los EE.UU.

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ML: Cada vez más personas se autodenominan "ciudadanas del mundo", identificadas con valores universales o grupos afines. ¿Tiene sentido hablar de ciudadanía nacional mientras los Estados pierden poder en un mundo globalizado?

SS: Las condiciones para una ciudadanía transnacional están consolidándose. Si bien algunos grupos son auténticamente trasnacionales como las comunidades de Internet, los foros sociales mundiales o el voluntariado internacional, la ciudadanía trasnacional es un componente de una experiencia mucho más compleja: la ciudadan̡ tradicional. En este caso, los derechos formales relacionados con el Estado nacional siguen siendo el elemento crucial.

La enorme cantidad de personas de todo el mundo que se conocen por primera vez en la calle, en los trabajos, en los barrios de las ciudades globales, o el encuentro con otros inmigrantes en empleos altamente profesionalizados, produce una suerte de "trasnacionalismo in situ". Por ejemplo, pudiera aventurarse la relación entre la situación de los inmigrantes y la aparición de prácticas políticas con cierto grado de informalidad. Los inmigrantes, incluso los ilegales, a menudo se convierten en nuevos sujetos políticos.

Lo rescatable del fenómeno "ciudadanía transnacional" es que abre la posibilidad de generar nuevas formas de poder lateral entre grupos con pocos recursos, y desarrollar políticas trasnacionales que movilicen a más y más sectores dentro de un mismo país en torno a proyectos globales o propiamente nacionales.

ML: Ud. plantea la necesidad de "urbanizar las ciencias sociales". ¿A qué se refiere?

SS: A que la comprensión de los procesos sociales pasa cada vez más por investigar qué ocurre en la ciudad. En primer lugar, las metrópolis son lugares estratégicos dentro de la economía global por varias razones:

a) son puentes entre el Estado nacional y el mundo;

b) constituyen escenarios para implementar medidas que aminoren el poder de las grandes compañías extranjeras, por ejemplo, asegurando vivienda para la clase media empobrecida, estableciendo impuestos para los nuevos ricos y las grandes ganancias de las corporaciones, promoviendo la responsabilidad ciudadana y garantizando standards laborales que eviten abusos a los trabajadores.

En segundo lugar, la coexistencia de agudas concentraciones de poder y pobreza otorga a la ciudad un carácter pol̴ico único. Las ciudades muestran claramente las contradicciones de la globalización pues concentran a sectores líderes del capital internacional junto a crecientes poblaciones excluidas: inmigrantes, latinos, mujeres, inḑenas, personas de color y habitantes de villas.

La globalización adquiere formas concretas en el modo en que se reconocen luchas recurrentes de una ciudad a la otra, por ejemplo, los reclamos de las comunidades de gays y lesbianas. Esto nos hace indagar también en el ejercicio de la ciudadan̡ y el rol de la sociedad civil. La pérdida de influencia de los gobiernos nacionales abre camino a nuevas formas de poder a niveles subnacionales, locales o barriales. Y justamente las ciudades están construyendo esa nueva geografía política.

ML: La economía informal es un fenómeno t̰icamente urbano. ¿Forma parte de la crisis de la civilización o sólo es un problema colateral?

SS:La econom̡ informal en las ciudades globales se está volviendo una marca del nuevo milenio, incluso en los lugares más ricos como Nueva York. Tenemos la tecnología para viajar por el espacio pero no logramos proveer agua, comida, vacunas o trabajo a más de 3 mil millones de personas. Esta realidad no es, por supuesto, resultado de una incapacidad científica sino de proyectos económicos y políticos que no persiguen el bien común. La nueva informalidad en las grandes ciudades del Norte y ahora también en el Sur, no es un invento de los pobres para sobrevivir sino una característica consustancial del capitalismo avanzado.

ML: ¿Investigó en América Latina?

SS: Estudié la región desde la perspectiva de circuitos globales muy específicos: migraciones, economías informales, desigualdades económicas֠Por ejemplo, Sao Paulo es una zona crucial para explorar dinámicas sociales complejas. Una de mis estudiantes terminó recientemente una extraordinaria investigación sobre la relación entre globalización y favelas. Hizo trabajo de campo en cuatro favelas de esa ciudad, algunas controladas por narcotraficantes con quienes debió negociar las condiciones para permanecer adentro. Tenía que abandonar el lugar antes de las 7 de la noche o sino, moría. La admiro mucho pues demostró cómo la globalización se materializa en las ciudades a través de procesos de economía informal. Su nombre es Simona Buechler y ahora es profesora de la Universidad de Nueva York.

ML: ¿Por qué razón gobiernos como Venezuela, Brasil y Argentina tratan de recuperar las funciones sociales del Estado?

SS: Hay dos tendencias distintas en juego. El neoliberalismo y el poder del FMI y de EE.UU. disminuyeron la autonomía del Estado-Nación sobre todo en los países del Sur. Por otro lado, Hugo Chávez e Ignacio Lula Da Silva quieren usar al Estado como base política para implementar los cambios que consideran necesarios en sus naciones. Los esfuerzos de Argentina y Brasil por ganar mayor control sobre el Estado y plantarse en las negociaciones frente al FMI se dirigen a construir un Estado socialdemócrata que tome medidas y aporte recursos en beneficio de los ciudadanos y las economías locales.

En tal sentido, recuperar el rol del Estado es un desafío que puede movilizar el apoyo popular. El Presidente de Argentina ha entendido esto al anunciar una revisión de las privatizaciones y los bienes todavía en manos estatales. Ningún político se hubiera pronunciado así en la década del 90.

El neoliberalismo reorientó componentes claves de la economía hacia los mercados financieros globales, y produjo espectaculares ganancias para una élite, concentrada principalmente en las grandes metrópolis. Esos grupos representan aproximadamente el 20% de los habitantes de las 40 ciudades globales del mundo como Buenos Aires, Bangkok, Sao Paulo, Seúl o Nueva York. La crisis argentina, que realmente empezó en los 90, es una de las instancias más dramáticas del carácter excluyente de las políticas neoliberales. En cambio, el proyecto que vemos ahora en Venezuela, Brasil y quizás un poco en la Argentina, intenta favorecer a mucho más que ese 20%.

ML: Este año, Fidel Castro celebró el 45 aniversario del triunfo de la Revolución Cubana y su récord como gobernante más antiguo del planeta. ¿En qué medida gobiernos con políticas marcadamente nacionalistas como Estados Unidos o Cuba necesitan de un "enemigo" para legitimar su existencia?

SS: Hasta cierto punto lo necesitan, pero las motivaciones son diferentes. El caso de Cuba es un proyecto de poder que tuvo como misión el bien colectivo. En EE.UU., un partido político quiere detentar el poder a toda costa porque el poder representa control militar, riqueza económica e influencia ideológica para ese partido y las élites asociadas.

En segundo lugar, el contenido del proyecto importa. Es una pena haber eliminado tantas libertades en Cuba, pero logró un sistema médico excelente, vivienda y algún salario para cada ciudadano. Eso es mucho más de lo que puede mostrar EE.UU., donde tenemos 50 millones de pobres, que equivalen a 5 veces la población de la isla; 40 millones de trabajadores sin seguro médico y tasas de mortalidad infantil en áreas pobres mucho más altas que en Cuba.

Es verdad que cada país tiene una especie de necesidad de crear atmósferas de crisis para justificar acciones de gobierno. Cuba es una mezcla de obsesión de poder con una política social en la cual muchos creen todavía. En EE.UU., las medidas que limitan libertades civiles y otorgan derechos de explotación en Irak a grandes compañías, responden al interés de un pequeño grupo de políticos del Partido Republicano y de las firmas asociadas. En este sentido, la diferencia entre ambos países es casi escandalosa.

ML: ¿Qué riesgo corren las ciudades en el actual escenario de terrorismo internacional?

SS: Las ciudades son ahora el blanco preferido. La guerra con Irak inflamó el odio hacia EE.UU. como un efecto boomerang. La corta edad de muchos terroristas suicidas es una prueba de que la derrota de Irak no desmoralizó a los extremistas. Por el contrario, siguen reclutando adeptos, intensifican los ataques y mueren inocentes en los continuos atentados en Bagdad.

El Informe Anual sobre Terrorismo Global (2002), del Departamento de Estado norteamericano, advierte que entre 1993 y 2000, el 94 % de los heridos y el 61 % de las muertes por ataques terroristas se produjeron en las ciudades. Varias razones explican esta preferencia: son centros de poder, focos de atención de los medios de comunicación y suficientemente complejas para que los terroristas se organicen sin llamar la atención. La ciudad reemplazó as̠al avión secuestrado: el target es el show mediático, no el enemigo en persona.

Urbes como Nueva York, Londres y París son ciudades-blanco para el terrorismo. A partir del último año, podemos agregar a Kabul, Riad, Casablanca, Bali. . . Otras como Atenas, Estambul, Roma, Berlín y Jerusalén pertenecen a diferentes redes globales pero igualmente son víctimas en potencia.

Cada ataque difundido por los medios induce a la repetición de otro, lo que podría convertirse en un círculo vicioso. Ni los políticos ni los líderes militares corren el mayor riesgo sino la población urbana. Cualquier política norteamericana que provoque la rabia y el odio de otras culturas, probablemente pondrá a las ciudades en el foco de los atentados terroristas. El gobierno de Estados Unidos está trabajando duro para hacer del mundo un lugar menos seguro para todos.

La inseguridad también desestabilizará a las sociedades menos desarrolladas. Muchos países pobres sufrieron pol̴icas económicas de shock que devastaron sectores tradicionales de sus economías. Sería ingenuo pensar que los países ricos y relativamente bien protegidos del Norte escaparán a las consecuencias de los ataques urbanos. No importa cuán lejos suceda, no podemos ignorar la pobreza y la violencia que padece el Sur.

Miguel Lara Hidalgo: Periodista cubano. Lic. en Comunicación Social (Universidad de La Habana, 1998). Alterna su residencia entre Cuba y Argentina. Director de Prensa de Emprendedores Argentinos Asociación Civil. Exdirector periodístico del programa televisivo EMPRENDER (Canal 7 Argentina). Publica en medios gráficos de Cuba, Perú, EE.UU. y Argentina. Exdocente de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

Saskia Sassen: SOCIÓLOGA, DEMÓGRAFA Y ECONOMISTA. Así se define Saskia Sassen, cuya producción científica ha sido traducida a doce idiomas. Docente de la Universidad de Chicago y la London School of Economics. Autora de libros como "¿Perdiendo el Control? La soberanía en la era de la globalizaciñn" (2002), "La Ciudad Global" (2001), "Guest and Aliens" (1999) y "Globalization and its Discontents" (1998), pertenece al Panel sobre Dinámica Población Urbana de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos.

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