¿Jesusland, Mosesland, Mahomaland, Gayland, Lesbianland o Drogaland?

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A Spanish-language article -- "Jesusland, Mosesland, Mohammedland, Gayland, Lesbianland, or Drugland?" critiques the ways in which nepotism and despotism operates in the Bush administration. The author compares Bush with right-wing governments in Latin America, especially Argentina, where dictators and torturers are given awards for their service to freedom, humanity, and religious purpose. In critiquing how militarism is celebrated in the US, the essay considers the ways in which power is naturalized and interpellated into popular culture. The essay's first section, 'Gorillas in the United States,' questions the hypocrisy of US imperialism that does not perceive its military campaigns as imperialism or recognize its human casualties. The following section, 'Iraq: the Fragile Terminators,' looks at how US soldiers in Iraq cannot offer dissent and become killing machines driven by a larger religious imperative. A third section begins by comparing Bush to Cesar in his imperial designs and blunt ambition, and examines the ways dissent is squelched in the US. It argues that the popular vote has no real meaning in the heart of global democracy. The final section, "Is Chechnya Possible in California?" discusses the absurdity of the Terminator, now California's governor, and his right-wing bully-boy image. The essay concludes by considering the way in which minority communities are suppressed by a religious white dominant culture.

Guillermo Compte Cathcart

Issue #72, February 2005


Tambien hay Gorilas en los Estados Unidos

De todas las cualidades que hacen de un gorila, un gorila auténtico, no hay ninguna mas notoria que la total falta de lealtad, es decir, una deslealtad grosera, insultante, provocativa, animal, una bestialidad que nos retrotrae a la oscura noche de los tiempos, cuando la única ley era la fuerza bruta.

Hoy, cuando uno de estos especimenes quiere ocultar su naturaleza depredadora, usa el recurso del enmascaramiento para disfrazar sus verdaderas intenciones.

Los militantes peronistas - verdaderos Tarzanes criollos - tienen una abundante casuística para clasificarlos y conjurar los efectos nocivos de las prácticas antidemocráticas que estos seres, obsesiva y compulsivamente, deben llevar a la práctica, como si no les fuera posible vislumbrar una mínima esperanza en el arduo sendero de la comprensión, la tolerancia, el respeto por las minorías, por las diferencias culturales y por sobre todas las cosas, el respeto irrestricto a la voluntad del pueblo expresada en elecciones libres.

Destruction of a Map by Haifa Zangana. Reproduced with permission of the artist.

Los gorilas no solo ensucian los actos electorales antes y durante los procesos electorales. Su verdadero fuerte esta en cuestionar el voto popular y descalificarlo una vez que este se ha expresado en su contra, es decir, cuando han sufrido una derrota en las urnas.

Todavía falta en nuestro país un exhaustivo estudio sobre el Nepotismo Académico, a saber, las relaciones de parentesco entre los integrantes de esa verdadera casta intelectual que desde hace décadas se ha enquistado en los claustros universitarios y en el mundo intelectual para "interpretar" la naturaleza de la sociedad argentina, el ser nacional, la historia, el futuro, en fin, todo lo que nos distingue o nos iguala con las otras sociedades humanas.

Como este grupo de la "inteligencia" es verdaderamente corporativo - el fascismo, el nazismo, el stalinismo y el franquismo son materias introductorias en su currículum absolutamente mas perfeccionado - sus relaciones prácticamente carnales con los ámbitos artísticos y de la prensa, en cualquiera de sus manifestaciones, hacen de su ciudadela un bastión prácticamente inexpugnable.

Esta "interpretación" del voto popular es un clásico que se dan el lujo de reiterar una y otra vez, con la persistencia de la gota de agua sobre la noble roca.

Todavía no han digerido los gorilas criollos - no tienen mucho de criollos que digamos - la aplastante derrota que su candidato demócrata sufrió en las últimas elecciones en los Estados Unidos.

En realidad, todavía no quieren reconocer que el pueblo norteamericano votó por segunda vez a Bush.

Aquella deslealtad se manifiesta en primerísimo lugar en este no reconocimiento de las reglas del juego que toda democracia propone como marco del disenso y la posibilidad de la vida en común.

Por eso, en cuanto tienen la ocasión reproducen ecos de su propio discurso.

En el caso que hoy nos ocupa, un artículo de un tal Paul Kennedy de quiene nos dice - Clarín, 16 de Diciembre de 2004, Opinión, página 39, "Bush valora mucho más la fidelidad que el talento"- es historiador y pertenece a la Universidad de Yale.

Este "historiador" es uno de los que aún insisten en declamar que los yankees perdieron la guerra en Vietnam, desconociendo las bajas y las discapacidades que dejó el conflicto: 50.000 muertos norteamericanos, 1.500.000 muertos del Vietcong, 500.000 heridos norteamericanos, 3.000.000 del Vietcong.

Desconociendo que el gobierno de Vietnam recorre el mundo a lo largo y a lo ancho para que lo reconozcan como una economía de mercado.

¡Aquél gobierno títere de Viet - Nam del Sur ha sido reemplazado como satélite del capitalismo en Asia por las huestes de Ho Chi Minh!

Pero más allá de la ceguera ideológica de este señor, veamos su pensamiento gorila en acción.

En el primer párrafo de la nota en cuestión afirma que no se siente conforme con Bush porque no abandonó la ideología y la disciplina partidaria.

El pueblo norteamericano votó un programa, una propuesta ideológica y a un ejecutor de la misma: Votó a Bush y a su conducción por un período de cuatro años, no lo votó a Kennedy y a los que piensan como él.

¿Por qué, entonces, este "académico" se toma la molestia de escribir un artículo como este?

¿Para seguir manteniendo su lugar como opositor en la corporación "inteligente" norteamericana?

Hay en nuestro país ejemplos parecidos, son muchos los que aplaudieron a la dictadura militar que derrocó al gobierno constitucional en 1976 para provocar la deuda externa, y que luego se hicieron los "guerreros civiles por los derechos humanos".

¡Y hoy son homenajeados en las entregas de premios anuales que pretenden emular a los Oscar!

Entre aplausos y denunciando la dependencia cultural y las privatizaciones de la década el 90.

Sigamos con este profesor de Yale.

En el segundo párrafo le reprocha a Bush haber elegido a sus colaboradores por su lealtad y no por su independencia de criterio.

Es tan infantil la argumentación que no merecería ni siquiera ser citada pero lo hago para desenmascarar la lógica absurda del pensamiento gorila.

En toda organización la llamada independencia de criterio debe estar contenida por el respeto absoluto de los principios que permiten la subsistencia de la organización, afirmar lo contrario es admitir la posibilidad de transformar una cosa en otra, violando así el contrato social original.

Aún los cantantes de la Isla de las Barbas suelen recordar en alguna letra la necesidad de ponerle cantera a la masa (por ejemplo, Silvio Rodríguez).

Habría que preguntarle a estos admiradores tácitos y de salón de Bin Laden si se animarían a plantearle lo mismo en la cueva en la cual se esconde.

Por último, en el tercer párrafo, se anima a plantear que Bush perdió la oportunidad de deshacerse de los neo-conservadores que los llevaron a Irak.

¿Todavía no se avivó este "historiador" que el propio presidente llevó a los soldados norteamericanos a Persia?

Es tanto el dolor que siente por la derrota que sueña con un Bush deshaciéndose a sí mismo.

La nota no tiene desperdicios y el colmo de este verdadero gorila yankee es la ponderación que hace de la central de informaciones que se ha cansado de asesinar gente a lo largo y a lo ancho del mundo.

Y ella nos demuestra que la mejor manera para provocar el fracaso del gobierno de Bush es convencerlo de integrar su gabinete con personajes como este "historiador", es decir, hacer una alianza como la que se hizo hace algunos años - ¿alguien la votó? - en nuestro bendito país.

Todavía recuerdo las apariciones televisivas de un personaje nefasto en mis años adolescentes cuando el peronismo estaba prohibido.

Se llamaba Palma y según decían, era algo así como almirante y en una oportunidad el preguntaron por qué habían hecho la revolución gorila del 55 y el tipo, con una evidente dificultad para hablar correctamente, contestó que era para reinstaurar la democracia.

Cuando el conductor del programa repreguntó sobre el por qué no dejaban participar a los peronistas, el enfermo respondió: -" ¿Y qué quiere, que ganen?

La verdadera alegría , después de todo, es la confirmación de una sospecha. Así como hay gorilas en yankilandia - y bastantes - tambien hay posibilidad de encontrar o formar peronistas.

Solo hace falta exportar la Universal Justicialista.

Irak: Esos frágiles Terminators

Steve McQueen - aquél fabuloso actor que supo ser discípulo y amigo de Bruce Lee - antes de ser una estrella del cine y del teatro fue - durante tres intensos años - un Marine, es decir, un miembro del célebre cuerpo militar norteamericano que tiene como lema la clásica promesa latina: "Semper Fidelis".

Todavía recuerdo aquella noche de verano en la cual - junto a mi viejo, durante la trasnoche, y con las ventanas abiertas a la brisa suave y el aire puro de Longchamps, paraje que no conocía a los modernos desconocidos de siempre - vimos por primera vez la apasionante "El Cañonero del Yangtze", película que termina con el héroe - Steve, el parco Randall el Justiciero - muerto al final de un interminable y oscuro pasillo de lo que podría ser considerado un templo perdido e invadido por un ejército invisible de chinos agresivos, incapaces de mantener una relación amistosa con los Estados Unidos, país siempre dispuesto, desde 1775, a enviar a sus fabulosos infantes de marina para establecer la democracia y la economía del mercado en todos los confines de la tierra.

No es casual que un siglo antes de esa fecha, tanto Gran Bretaña como Holanda - sus antecesores dominadores del mar y su ganancia imperial y quienes les refundaron y fundaron Nueva York - hubieran formado los primeros cuerpos de "marineros especializados en acciones terrestres de destrucción".

Sus nombres no han ganado la popularidad de su par yankee - estos han intervenido en más de 300 intervenciones a lo largo y a lo ancho del mundo - pero en homenaje a sus buenas intenciones, nunca comprendidas por los bárbaros que no quieres ser dominados, los menciono para que siempre podamos recordar que el Tío Sam no suele inventar nada, pero que tiene la grandísima capacidad de copiar y mejorar todo lo que le sirve.

El cuerpo británico recibió el escueto nombre de "the Royal Marine" (1664) y su similar holandés el de Koninklijke Nederlandse Corps Mariniers (1665).

No es para nada casual que el escudo de los grandotes de azul sea un hemisferio occidental, un ancla sucia - de tanto recorrer los puertos del mundo - y un águila implacable con las alas desplegadas y que su banda musical sea la presidencial y que su himno haya sido compuesto por el mismo portugués - otro imperio anterior, como si el imperialismo fuera una carrera de postas - que hizo "Leven anclas" y "Barras y estrellas".

Si bien el Gran Kubrick nos mostró el entrenamiento implacable de estas verdaderas máquinas de matar - en Full Metal Jacket - uno - nacido argentino y más cerca del arpa que de la batería, es decir, del verso mas que de la acción - suponía que estos tipos habían nacido para ello, pero no, todo lo contrario, son buenos y simpáticos, como los sonrientes mormones que caminan nuestros barrios sin entender nada de lo que les decimos pero que siguen paseando con la constancia de un santo, sus cuerpos de la NBA y su biblia made in Utah, en las manos gigantes y siempre limpias.

En cambio los Marines - entrenados casi siempre por afroamericanos mas papistas que el Papa, porque temen que la Confederación consiga su revancha - son como una bala reforzada, un instrumento, un arma. Dejan de ser humanos. Son un Terminator con un programa elemental, incapaz de evitar cualquier daño colateral.

Por eso, el otro día - en una de esas noches en la cual el calor no deja dormir - me sorprendí cuando uno de ellos se levantó de su silla y solicitó al funcionario - creo que era el Secretario de Defensa - de la administración Bush que los visitaba en el campamento, "mayor protección para sus cuerpos expuestos a los terroristas islámicos", que los atacan arteramente en todos los rincones del Irak ocupado.

El enviado del gobierno respondió - con el estilo tan propio de los republicanos - que un soldado debe luchar en el ejército que tiene y no en el que desearía tener, poniendo en caja al protestón que sólo mereció la aprobación de dos o tres conmilitones mientras los otros centenares lo miraban asombrados por sus peticiones.

Como todo Terminator, las máquinas de matar sólo deben cumplir aquello que se les ordena y no tienen derecho al pataleo.

Para no ser injustos con los nuevos cruzados - guerreros que luchan por nuestra cosmovisión y no por la tarjeta verde como dicen los malintencionados - héroes que deben enfrentar a los fanáticos seguidores de Mahoma, al cruzar por la esquina mas cercana a mi casa, me detuve y miré alrededor, tratando de recordar mi instrucción militar en aquella vieja colimba que hice en el 67 en el Regimiento 3 de Infantería en el cruce de la avenida Crovara y el camino de cintura - en La Tablada - donde hoy conviven varios hipermercados.

Conté más de veintisiete posiciones cubiertas a la vista y al fuego desde la cual me podrían herir o matar sin tener la más mínima posibilidad de defensa.

Pensé en la fragilidad de esos patéticos gigantes que caminan imponentes con sus hermosos cascos - una réplica exacta de los que usaban los alemanes durante la segunda guerra mundial -, sus escudos, sus sistemas de comunicación, sus fusiles imponentes, sus uniformes paquetes y no pude evitar un principio de pánico.

Si estos Terminators pueden ser puestos fuera de combate por cualquier musulmán casi desnudo o cuando menos mal vestido, mal alimentado, peor entrenado, y seguramente no lector de las grandes obras literarias de occidente, ignorante de las virtudes del tango y las glorias de River Plate: ¿que será de nosotros, los verdaderos y pacíficos, tolerantes y devotos católicos?.

Bush derrotó a Kerry y "La Pasión", de Mel Gibson a "Farenheit 9/11", de Michael Moore

César fue reelecto. Las Legiones festejan.

En Cartago, Bretaña, Iberia, Macedonia, las Galias y en Grecia, Bruto y los sofistas - uso el término con el mismo significado que le daba Platón - lloran porque no pueden comprender el por qué de la estrepitosa derrota que sufrieron los medios de comunicación, la mayoría de la comunidad cinematográfica estadounidense y los intelectuales - ¿son o parecen ser? - yankees, por el voto mayoritario e inatacable de los cristianos campesinos que habitan los grandes territorios que unen al Atlántico y al Pacífico.

Esos vaqueros simplones que no van al psicólogo, que no aceptan los matrimonios raros y distintos, que no lloran por Toro Sentado, que no se desgarran las vestiduras por Hiroshima y Nagasaki, que no andan pidiendo perdón por haber usado a Bin Laden para combatir a otro enemigo circunstancial, que no se sienten culpables por ser el único estado en la Tierra que puede desplazar una fuerza de ocupación de un millón de soldados a cualquier lugar del planeta, que no dan explicaciones por el maltrato que prodigan a las minorías que van a realizar trabajos menospreciados en sus aldeas, que saben y aceptan que son Roma renacida y le ponen el pecho a las balas bebiendo cualquier cosa con alcohol con su mejor sonrisa y bailando esa rudimentaria música folk de la cual nació el mejor rock and roll.

Los mismos que vemos recorriendo - en yunta y sin temores - nuestras calles del terror, sonriendo continuamente y predicando el extraño relato del indígena que recibió a Jesús mucho años antes de la llegada de Colón, para hacer un hombre nuevo y demostrar que también ellos pueden reinventar una religión como lo hicieron con tantos deportes.

Los sicarios que se creen nuestros amos religiosos y que sueñan con someter a toda la cristiandad bajo su yugo, se esconden en sus cuevas pues en los próximos cuatro años - implacablemente y con los filos renovados - los aceros del Imperio buscarán sus carnes para arrancarles el alma.

Pues, a pesar de la negación de los ateos y su explicación petrolífera de las invasión a Irak, para quienes votaron a Bush, la cristiandad esta embarcada en una verdadera Guerra Santa.

Lamentablemente, muchos justos caerán con los pecadores, pues la lógica del cruzado supone que "Dios reconocerá a los suyos" y el Guerrero de la Fé, en el infierno de la batalla, puede matar por el Supremo, pero no hacer su trabajo de separar la paja del trigo.

El César reelecto sabe que toda gloria es pasajera y aprovechará el tiempo que el voto de su pueblo le otorgó para hacer su trabajo: perseguir, aislar y aniquilar al terrorismo.

En las provincias - tal como pasó en Nueva York o en California, donde los parecidos se amontonan - la sorpresa es mayúscula y las élites intelectualoides han quedado mal paradas: como todavía no digieren el triunfo del cowboy Reagan demoliendo el muro de Berlín no comprenden cómo La Pasión del Patriota Corazón Valiente le ganó a las encuestas, las denuncias y los debates estudiantiles del obeso Moore.

Fueron muchos los que despreciaron al pueblo norteamericano - aquél chileno que nos quiso enseñar a leer al Pato Donald en la década del setenta no tuvo ningún problema en recibir los aplausos imperiales en Broadway - sin hacerse cargo de sus evidentes contradicciones ideológicas, que encarnan a la perfección.

Viven en y del Imperio, pero no quieren pagar el costo que ello implica: sólo actúan o critican películas de guerra, o las fotografían o analizan de lejos, jamás habitarán una trinchera.

Si se hubieran tomado el trabajo de desplegar un mapa del gran país del norte, volcando en él las cifras de los espectadores - pueblo por pueblo, condado por condado, estado por estado - que tuvieron las películas "La Pasión", de Mel Gibson y "Fahrenheit 9/11", de Michael Moore, hubieran comprobado que las encuestas mentían, que Bush ganaba por afano de costa a costa.

Esas inmensas colas de creyentes que lloraron por la sangre derramada por nuestro Señor en su calvario fueron los dignos votantes de Bush, más allá de las razones económicas - la principal motivación de los refutadores sistemáticos - y las evidentes desprolijidades que todo César comete.

Cuando escuchaba las cifras del escrutinio en el dudoso español de los locutores de la CNN no pude evitar recordar una escena de otra película, aquella inolvidable interpretada por el gran Ugo Tognazzi en la piel de un inmigrante italiano que pasa las mil y una para convertirse en ciudadano norteamericano: hace dedo en el medio del campo y un campesino lo recoge en su vieja camioneta y lo transporta sin decir palabra hasta que el tano despotrica contra los Estados Unidos.

El yankee no dice nada. Solo detiene el vehículo y abre la puerta.

El protestén queda desamparado, sometido de cara al sol y tragando polvo.

¿Es posible una Chechenia en California?

¿Ficción? ¿Realidad? Cualquier cosa o situación o acción es posible. Todo o casi todo, ha sido escrito. Ya Cervantes había profetizado: "Cosa vederes Sancho que non crederes" - escribo la cita tal como la tradición oral , a través de mi padre, me la transmitió y no por recordarla de mis cuatro lecturas del texto del ingenioso hidalgo, el que me resultó bastante más pesado que una armadura de las que calzaba Guillermo el Marechal - el William Marshall regente de Inglaterra - el indiscutible caballero andante que sirvió de modelo e inspiración al manco de Lepanto, cuando escribió las andanzas del enamorado que enfrentaba a los molinos de viento.

Lo que sí leí fue la cita que de Horacio hace Hegel en su Ciencia de la Lógica: "Si el mundo cayera en pedazos, las ruinas sostendrían al impávido". Para los amigos lectores que festejan mis citas trataré de recordar el aforismo - ¿lo es? - en un latín argentinizado: "si fractus illabatur orbis, impavidum ferient ruinae".

Una exacta descripción de la Era del Terror que estamos viviendo y que hace de Robespierre un niño de jardín de infantes.

¿Es posible una Chechenia en California?

Si un austríaco cultor del físico, metido a actor, interpreta maravillosamente a un robot que viaja a través del tiempo para destruír a la raza humana - en una película que será objeto de culto por varias generaciones - es electo gobernador de California.

Antes de seguir con los Si, una pregunta más retorcida se impone en estas pampas donde reina inmaculado Sigmund I: ¿No será que el robot interpreta a un austríaco metido a actor para llegar a ser presidente - pasando por la gobernación de la vasta comarca que los hijos de la lenteja y el tocino le robaron a los despiertos mexicanos tirando cuatro tiros - del, por ahora, país más poderoso del planeta y consumar la destrucción total de la especie?

Si un agente menor de la KGB - hermana incestuosa de la Gestapo - es elegido presidente democrático de una parte de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas con el beneplácito y el aplauso de las mayores potencias del orbe.

Si un hombre de raza negra participa codo a codo con los terroristas árabes que causaron la Masacre de Beslan, propinándole una cachetada a la historia que relata la participación del Islam en el comercio de esclavos que favoreció la expansión del capitalismo europeo y el nacimiento del Gran Satán, como le dicen los imitadores de Mahoma a la patria de Elvis Presley.

Si cientos de millones de personas se horrorizaron al ver en las pantallas de sus televisores - desde la ventana indiscreta de su no participación y de su conformismo cómplice - a los niños sobrevivientes escapando de las balas y las bombas, desnudos, violados y humillados, tratando de conseguir un poco del agua que durante varios días tuvieron que reemplazar con su propia orina, sin hacer ni el más insignificante de los gestos para saciar la sed de los mil cien millones de seres humanos - que según el informe de las Naciones Unidas - no beben agua potable.

Si esos mismos espectadores tienen un cartel pintado con la declaración de los Derechos del Niño pero siguen tolerando la existencia del terrorismo - en cualquiera de sus múltiples modalidades - para mejorar su calidad y cantidad de vida.

Si treinta individuos se dan el lujo de hacer un piquete a los medios de comunicación internacionales con salvajadas de este tipo y logran de este modo desestabilizar gobiernos elegidos por distintos pueblos en elecciones libres con el propósito cierto de imponer el imperialismo islámico.

Si el poderoso ejército ruso - aquel terrible enemigo de Occidente que mantuvo en vilo a generaciones enteras con la amenaza de una guerra final - no puede eliminar a una banda de mal nacidos sin provocar la muerte y la mutilación de centenares de civiles inocentes e indefensos.

Si a lo largo y a lo ancho de nuestro planeta miles de columnistas - al servicio de las oposiciones domésticas - tratan de resquebrajar a los gobiernos constitucionales siendo tolerantes con estas bestias que pretenden imponer el derecho de la fuerza.

Si al inefable fundamentalismo de los que se consideran a sí mismos como ejecutores de un destino manifiesto - y se olvidan su pasado de muertos de hambre que pudieron salvarse en un mundo nuevo gracias a unos pavos salvajes a los cuales recuerdan año a año con un pomposo día de Acción de Gracias - sumamos a los islámicos, hispanos, asiáticos, lenguas y religiones, sectas y modas exóticas que conviven en un territorio similar en extensión al del Cáucaso, no una sino decenas de Chechenias son posibles en California, mientras un discípulo de Confucio reeducado por Mao y un adorador de Kali luciendo un moderno traje Príncipe de Gales, sonríen leyendo nuestro correo electrónico, esperando su momento en la cima del poder global.

Nacido en Argentina, 58 años de edad, escritor, productor de programas de radio, columnista del periódico La Union Digital, autor de los libros: "El Tercer Exilio de San Martín", "Consumator: El Consumidor del Siglo XXI", "Los Hijos de Perón", "Tankas de la Aldea Local" y "Los Kultemas Antárticos de E.A. Poe y H. P. Lovecraft". Casado con Alicia, padre de cinco hijos y abuelo de cuatro nietos.

Guillermo Compte Cathcart is an Argentinean writer, radio program producer, columnist in La Union Digital, and author of "San Martin's Third Exile", "Consumator: The Consumer of the XXI Century", "Peroacute;n's Children", "Tanka of the Local Village," and "The Antarctic Kultemas of E.A. Poe and H. P. Lovecraft." This material was published originally in Diario La Union.

Destruction of a Map by Haifa Zangana. Reproduced with permission from the artist.

Copyright © 2005 by Guillermo Compte Cathcart. Destruction of a Map copyright Haifa Zangana. All rights reserved.
 

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