¿Donde Estan Los Muertos? Mourning Gipper's Ghosts

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When Ronald Reagan succumbed to medical complications, there was a large scale media, political and cultural campaign to honor the Gippper’s legacy. Yet students, labor organizers, indigenous campesino communities and more were destroyed by the Gipper's support for death squads in Central America.

Arturo J. Aldama




I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts that living men have honored in marble
--Jorge Luis Borges, 1934


When Ronald Reagan, known with affection as the Gipper. succumbed to medical complications on June 5, 2004, there was a large scale media, political and cultural campaign to honor "in marble" the great Gippper’s legacy. It catapulted his iconic status in American culture to an almost allegorical status. The bombardment of media coverage surrounding his funeral that summer was reminiscent of how Josef Stalin’s passing caused a type of national hysteria of losing a great father; a rip in the psychic field of the nation, with obvious Freudian overtones.

My own “hysteria” is in the primetime television discussions of the Gipper’s legacy, and the constant images of tearful hordes visiting his coffin, with an absolute lack of attention paid to the deaths--real and symbolic--that were purposefully orchestrated by his regime abroad and at home. Abroad, I refer to the holocaust of Central America, Guatemala, El Salvador and the Sandinistas in Nicaragua, where any subjects deemed a threat where mutilated, purged and disappeared by US backed and trained Death Squad regimes and direct covert operations. It is estimated that in each of these countries, the Gipper’s regime (with his bully boy loyalists like Ollie North, who “never tells lies", ready to “die for freedom”), over 200,00 people were tortured, raped, killed and disappeared to prevent the rise and spread of the great evil of communism. Students, labor organizers, priests, nuns, human rights observers and entire indigenous and campesino communities, principally Mayan in Guatemala, were destroyed in body (but not in spirit) by the Gipper's direct financial and military support for death squads in Central America.

On the US home front, the War on Drugs campaign and the passing of the 1986 Anti-Abuse Drug Act resulted in 23 mandatory minimum sentences. With the advent of the 100 to 1 sentencing ratio for crack versus powder cocaine, America saw 5 grams of crack (with a low street purchase value and that purposefully leaked in neighborhoods of color) equated for sentencing purposes with 500 grams of powder cocaine, the drug of choice of middle class whites. The warehousing of America’s poor and colored began full force under Reagan's legacy of getting crack-heads off the street and communists disappeared.

Think about all the men, women and teenagers sentenced as adults under these mandatory minimums, and the failed "weed and seed" programs, and so on; then think about the trauma of prisons in the United States. Some are prisons where sexual violence is the language of everyday power, where neo-Nazi, white supremacist groups count on the coercive racism of the guards to keep the brown and black inmates in a state of terror, where guards in the name of self-defense brutalize and make money from the desperation of inmates. I wonder how many inmates, sentenced under the Gipper’s vision of cleaning up America, are still serving time? Or are they permanently traumatized by the state-enforced and coercive violence of their “correctional experience”?

So my moment of national grief and mourning is directed at honoring the spirits of those men, women, and children deemed threats, traumatized, mutilated and disappeared. I felt the utmost empathy for a Nicaraguan man, and an El Salvadorian mother, who together were featred on Spanish Language TV summer 2004 as counter point to the fawning American mainstream coverage. For a millisecond sound bite, the man, with tears in his eyes, states “It is my most profound dream to ask this so called, great man to tell me where my son is?” The man's son was disappeared by the contras; in his father's words “a good boy”, an “engineering student. The father now asks: “Where is he? Where is his body? so that I may mourn and respect him properly?”

Now that the Gipper’s body is enshrined for eternity, I ask where are the bodies for those who are disappeared? Where is the concern for the family members who cry with continual anguish to know where the bones, albeit broken, of their loved ones are hidden? I end with a paraphrase of Spanish Latin Alternative musician Manu Chao’s song titled Los Desaparcidos (The Disappeared):

Perdido en el siglo. . . . siglo XX….rumbo al XXI
(Lost in the century, the 20th century, en route to the 21st)



Arturo J. Aldama serves as Associate Professor of Ethnic Studies and as the Director of CSERA (Center for Studies of Ethnicity and Race in the Americas) at CU Boulder. He is the author of several books on Chicana/o, Native American and transnational cultural and violence studies.



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I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts that living men have honored in marble
--Jorge Luis Borges, 1934

¿Donde están los muertos?: De luto por los fantasmas centroamericanos del Gipper y por aquellos encarcelados en los Estados Unidos

En el momento de "honrar en mármol" Ronald Reagan, el "gran" Gippper y la cobertura extrema de su entierro por los medios de comunicación en los Estados Unidos se asimilan de alguna manera al entierro de Stalin en términos de la histeria deperder a un gran padre; una rasgadura en la tela psíquica de la nación con las insinuaciones obvias de Freud. Sin embargo, mi "histeria" está en ver cómo en las discusiones transmitidas por televisión sobre la herencia del Gipper, y las imágenes constantes de masas en luto que visitan su ataúd, hay una carencia casi absoluta de atención a las muertes verdaderas y simbólicas que fueron orquestadas por su régimen al exterior e interior del país. Al exterior me refiero al holocausto de América Central, Guatemala, El Salvador y los Sandinistas en Nicaragua, donde las personas consideraras como una amenaza fueron mutiladas, purgadas y desaparecidas por regímenes movidos y entrenados por los Estados Unidos y su apoyo a los escuadrones de muerte y sus operaciones secretas. Se estima que en cada uno de estos países más de 220 mil personas fueron torturadas, violadas, asesinadas y desaparecidas para prevenir la toma de poder y la expansión del “gran mal” del comunismo con el apoyo económico y militar para los escuadrones de la muerte del régimen de Gipper y su grupo de leales bravucones como Oliver North, quién "nunca dice mentiras" y está listo para "morir por la libertad." Estudiantes, organizaciones laborales, sacerdotes, monjas, observadores de los derechos humanos y comunidades indígenas y campesinas enteras, principalmente Maya en Guatemala (donde los números de muertos son cerca de 250.000) fueron destruidos en cuerpo pero no en espíritu por las manos secas y nudosos del Gipper y el apoyo directo de los squadrones de muerto—los becados de la escuela de las Américas.

En los Estados Unidos, la guerra en contra de las drogas fue ampliada por el Gipper quien le decía a los niños de clase media, “Just Say No” y quien aprobó el acta Contra el Abuso de las Drogas en 1986 la cuál dio lugar a 23 tipos de sentencias mínimas obligatorias las cuales resultan en condenas con una proporción de 100 a 1 por posesión de crack versus las condenas por posesión de cocaína en polvo-- es decir, la sentencia por posesión de 5 gramos de “crack”—una droga barata que de acuerdo a la teoría de algunos investigadores fue distribuida por el gobierno en vecindarios de personas de color—equivale a la sentencia por posesión de 500 gramos de cocaína en polvo, la droga favorita de los blancos de la clase media. El “almacenamiento” de los pobres y gente de color en los Estados Unidos comenzó con fuerza bajo su régimen. Él procuró limpiar América eliminando de las calles a los ingobernables “crack heads” de color para que éstos no les robaran sus autos enormes a los blancos. El Gipper también intentó remover a los patógenos comunistas subversivos que contaminaban tanto al libre comercio del mercado americano, como a la derecha extrema de las Américas. Para él era inconcebible la osadía de que esos morenos mestizos “salvajes”, y “pelados” desearan libertades tales como el acceso a la educación, cuidado médico, trabajos decentes, acabar con la corrupción, y que se les regresaran las tierras que los Estados Unidos les habían robado con la ayuda de los oligarcas.

En el luto nacional pienso en todos los hombres, mujeres y adolescentes condenados como adultos juzgados con esas sentencias mínimas y los fallidos programas de la mala hierba y de la semilla que él creó, y pienso en el trauma que los internos experimentan en las prisiones en los Estados Unidos. Prisiones donde el lenguaje de la violencia sexual es de todos días; donde los neo-Nazis, grupos de supremacistas blancos, contando con el racismo de los guardias mantienen a los internos morenos y negros en un estado de terror; donde los guardias en nombre de la autodefensa brutalizan y hacen dinero de la desesperación de internos. Me pregunto cuántos condenados bajo la visión del Gipper de la “limpieza de América” están aún purgando sentencias, o ¿cuántos están traumados por la violenta "experiencia correccional" que el Estado les impuso? ¿Han sido limpiados y esterilizados para convertirse en los niños ciudadanos obedientes y dóciles del padre ahora muerto?

Mi pena y duelo nacional están dedicados a honrar los espíritus de esos hombres, mujeres, y niños considerados como amenazas para el organismo nacional y que fueron traumatizados, mutilados y desaparecidos bajo el régimen del Gipper. Específicamente, siento una enorme simpatía para el padre nicaragüense que apareció en una entrevista de 20 segundos en la televisión en español. El dijo con lágrimas en los ojos “Me gustaría preguntarle a ese supuesto gran comunicador, en dónde esta mi hijo” Su hijo, un estudiante de ingeniería y “un gran muchacho”, según dijo su padre, fue desaparecido por el proyecto especial del Gipper: los contras. Este hombre preguntaba,”Señor Regan, ¿Dónde esta él ? ¿Dónde está su cuerpo? Para que yo pueda guardarle luto y honrarlo como se merece.

Mientras el cuerpo del Gipper se engarza en el mármol para la eternidad yo me preguntó ¿dónde están los cuerpos de los "desaparecidos? Como dice la canción, “Desaparecido” de Manu Chanu, “llevo en el cuerpo un dolor / que no me deja respirar / llevo en el cuerpo una condena que siempre me echa a caminar. ..perdido en el siglo, siglo XX, rumbo al XXI”

Copyright © Arturo J. Aldama. Graphic © Mike Mosher 2007. All rights reserved.

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